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La Fuerza de los Andes

La Fuerza de los Andes

El vermouth nació en Turín, al pie de los Alpes. Desde su creación se elaboró con vinos locales y hierbas, especias, cortezas, semillas y flores que llegaban de distintos lugares del mundo, pero que también se recolectaban en los alrededores de la ciudad. Es, desde sus orígenes, un ejemplo de producto a la vez local y global. El vermouth ha viajado por el mundo junto a los italianos que partieron de su país, incluso antes que se unificara como tal, hasta encontrar en algunos países y regiones un lugar donde afincarse. A nuestro país llegó en la segunda mitad del siglo XIX, pero fue a principios del siglo XX que al comenzarse a producir localmente encontró la posibilidad de crecer hasta transformarse en un producto popular y federal. En un país que desarrollaba su vitivinicultura la producción pasó a ser como es hasta el presente: vinos locales y la fórmula secreta de hierbas que llega desde Turín. Aparecieron también marcas locales, de las cuáles se sabe de su existencia pero es difícil conocer los detalles de su producción. Todo un desafío para investigar y descubrir más sobre la historia argentina del vermouth. 

El siglo XX vio crecer el consumo de vino en el país y el vermouth creció a la par. Se llegaron a vender millones de litros de vermouth por año. Se tomaba solo, frío, con soda, y también con gotas de Fernet. Hay decenas de marcas en Argentina, el consumo llegó a ser tan importante que se metió en la cultura del país. Una cultura que se enriqueció con la diversidad de la inmigración, con la suma y el cruce de las cocinas, con un enjambre de lenguas y tradiciones. El vermouth pasó también a ser un momento, que podía ser el ideal para la previa de un partido de futbol, precediendo un gran estreno en un teatro o en una picada en familia o con amigos. La palabra vermouth fue incorporada también como vermut y como vermú, las botellas se ganaron su lugar en los bares de coctelería y en los antros populares; un universo de comida, encuentros e historias se armó alrededor de una bebida hasta formar una constelación propia, heredera de una tradición pero con forma y brillo propio. La palabra vermouth resuena en varias generaciones de argentinos con un eco común, íntimo y personal en cada persona. Un eco que parecía ir perdiendo potencia pero volvió con fuerza.

Pensar un vermouth obliga a pensar en esta historia, en el legado, en la tradición, en esta constelación formada en el tiempo. La Fuerza nació imaginando crear una bebida con identidad propia y con esa identidad propia ligada a una tradición. Una tradición que se vuelve a pensar y continúa transformándose. Lo más simple fue pensar en el vino, tenían que ser variedades con arraigo propio. Torrontés y Malbec para las bases de vino, alcohol de vino destilado en Mendoza y una selección de hierbas que seguía recetas tradicionales de vermouth. De esas fórmulas que no están escritas, de las que no hay libros, de las que hay comentarios e ideas parciales. ¿Qué otros elementos locales podíamos agregarle a La Fuerza? En esa búsqueda comenzamos a investigar en las plantas del Piamonte argentino, toda una flora autóctona o arraigada, silvestre y desparramada al pie de los Andes. Buscamos, recolectamos, investigamos hasta llegar a una selección que incluye jarilla, artemisia mendozana y perilla, entre otras. La fórmula incluye flores, cortezas o hierbas que llegan desde distintos lugares del país y del mundo pero tiene y tendrá siempre su corazón en Mendoza, al pie de los Andes. En el desarrollo del vermú abrimos un camino de investigación que recién empieza y que nos hará conocer mucho más sobre la tierra y más sobre la fuerza de los Andes.