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Rodelis Suescun, en la cocina de La Fuerza

Rode, una historia de inmigrantes

¡A la escalera que vienen! Cuando llegan los inspectores de la AFIP, Rodelis debe dejar todo lo que esté haciendo y esconderse debajo de la escalera. Llegó a Buenos Aires hace una semana y por suerte ya consiguió trabajo en ese restaurante de ensaladas sobre la peatonal Lavalle. Pero los papeles de trabajo todavía no están y el dueño la oculta. A ella y a un canadiense, que también trabaja dentro de la cocina y fuera de la ley.

Hoy Rodelis Suescun recuerda esos días con una sonrisa leve. “Era denigrante”, comenta en una de las mesas de La Fuerza. Ya pasaron cuatro años de aquel 2016, cuando recién llegaba de Caracas. Y seis meses desde que trabaja en el bar como cocinera. Su estatura explica su apodo: Peque. Si venís a tomar un vermú a la barra, la verás ahí, al lado del mural de venecitas, controlando triolets y ordenando los pedidos. El nexo crucial entre salón y cocina.

La historia de Peque Rode tiene puntos en común con las de miles de venezolanos que llegaron al país en los últimos años. Y también se parece a la de los europeos que cruzaron el Atlántico durante el siglo XX. Aquella realidad atravesó al vermú, que llegó con los italianos y se sirvió en los bares de gallegos. Ahora, con otras realidades, la inmigración sigue siendo parte de esta historia, aportando nuevas ideas.

¿O porque creés que la banana de la Suprema Maryland que servimos hace algunos meses venía en forma de patacones? El snack típico de tantos países latinos se mezcla con los más tradicionales de la cocina porteña.

Marimbas y bandoneones.

Caribe y Riachuelo.

Peque nació en San Cristobal, se graduó en gastronomía a los 18 años y trabajó en Caracas. Llegó a Buenos Aires a los 22, con la promesa de esta era una ciudad “súper gastro” y con una cámara en su valija. Desde los 12 años saca fotos y desde 2017 lidera un proyecto en el que elige un cocinero y lo retrata en su día a día. Busca reflejar cómo es esa vida, más allá de los fuegos y las sartenes.

Su otro proyecto fotográfico apunta a retratar “todos los neones de Buenos Aires”. Algo de eso se puede ver en su cuenta de Instagram @pequerode.

Arte, cocina, inmigración. Factores preponderantes de un bar. Ya no están los conventillos y los tangueros. Pero la historia, de alguna forma, se repite. “Me encanta Buenos Aires -dice Peque-. Es una ciudad muy para mí”.

Que también le gustaría volver a Venezuela alguna vez, dice, pero que todavía no tuvo oportunidad.

Que hace cuatro años no ve a su familia, comenta, agradece.

Y vuelve a la barra donde se preparan los triolets.

(Febrero 2020)