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Santiago, el imaginador de bicicletas

Santiago, el imaginador de bicicletas

Santiago Oliver nació en Buenos Aires y se crió en el barrio de Abasto. Tendría 8 o 9 años cuando su papá le regaló una bicicleta BMX que construyó con una banda de amigos, todos torneros, mecánicos, bohemios, locos de hacer cosas. El cuadro era marca Capra, pionera en hacer cuadros para las bicis que florecerían en los 80, cuando Los Bicivoladores deslumbraban con sus maniobras y Elliot atravesaba el cielo frente a la luna llena con ET en el canasto. La bici de Santiago tenía el cuadro número 4. Una reliquia que señalaría su camino en la vida.
 
En 1986 se mudó a Parque Centenario. Lo que podría haber sido solo un cambio de domicilio marcó su destino: conoció al bicicletero. “A los 14 años comencé a trabajar y a aprender del trabajo, soy un autodidacta”, cuenta y agrega: “Soy mecánico de profesión, a mí me enseñó gente apasionada que me puso en un banco de trabajo”. A los 33 años logró abrir su proyecto propio.

 

Santiago, bicicletero y amigo de La Fuerza
Hasta los 18 años solo tuvo bicicletas customizadas, y eso es lo que Santiago hace ahora. Bicicletas individuales, únicas, pensadas y construidas 1 a 1. Para eso tiene un taller donde recibe a los que quieren una bicicleta. “Tengo clientes distintos, pero lo que todos comparten es su pasión por las bicis”.

Santiago hace las bicis de las que se enamoró, las que aprendió a hacer desde chico, las que hicieron que creciera su pasión. “Los recibo con cita previa, pido que vengan con tiempo y solos, para poder escucharlos, para poder saber lo que buscan”.
 
“Al vermú lo conocí de rebote”, confiesa. “Fui un par de veces en la época que estaba explotado y me fui a lugares más tranquilos”, cuenta. Cuando amainó un poco volvió, conoció más a la gente del bar y vio como en el bar lo conocían y recordaban. “Me gusta que el que me atienda sepa quién soy, que ya estuve, mirar a los ojos y que me miren con una sonrisa, que se vuelva a la conversación de la última vez”. Eso, un bar.
 
Del bar, el vermú pasó a su taller, donde siempre se compartió un mate, una cerveza, un vermú, una historia. Su historia, que empezó con una bici única, y sigue día a día haciendo bicicletas únicas para los que aman las bicis como él.